jueves, 28 de febrero de 2013







 
Mañana me marchare mirándote. Mis ojos en los tuyos fijos hasta que la distancia nos separe.
 Quien me observe, descubrirá una mirada ausente, penetrante, pero no sabrá los motivos que la provocan.
Sólo tú entenderás todo lo que mi boca calla y en mis ojos leerás lo que en mi corazón has despertado.

Mis palabras liberaran tus silencios. Tus silencios serenarán mi voz.
 Y un halo invisible nos unirá para siempre, aunque sea mañana el último día que nuestras miradas hablen de amor.

domingo, 10 de febrero de 2013


¡AY QUÉ OLOR TAN RICO!

¡Ay qué olor tan rico! La frase resonó en sus oídos llena de música. El olor a bizcocho recién hecho impregnó toda la vivienda, dándole un aroma a bienvenida, a reunión de amigos alrededor de la mesa, a desayuno de familia, a hogar acogedor.

            El eco de la voz varonil seguía resonando en su cabeza. Hacía varios meses que no se ponía a cocinar. La última vez que lo hizo, al escuchar su voz, salió huyendo de la casa. Ahora se reía de ella misma, de su cobardía, de no haber entendido nada en aquella ocasión. Su risa se unió a las lagrimas que se deslizaban despacio por sus mejillas, haciendo con las dos  una metáfora de la vida. Llorar, reír. Sollozar, sonreír. Odiar, amar. Vivir, morir. Alternancia entre lo soñado y la realidad, entre sus anhelos y sus conquistas, entre sus sueños y la dificultad de vivir.

            Ella era…como su bizcocho. Amasada con los ingredientes de su existencia, para luego dejarse comer. Y poder escuchar esa frase que contenía toda la ternura, todo el amor, todo lo que le hacía sentirse viva, en la voz de aquel a quien amaba: ¡Ay qué olor tan rico! Por él había cocinado hoy, por él estaba poniendo en la mesa dos tazas, dos cucharillas, el café, la leche, la sacarina, dos platos, dos servilletas, dos sillas y su bizcocho.

            Se sentó ante la silla vacía. Cortó un trozo de bizcocho y comenzó a paladearlo. No ocurrió nada. El silencio seguía inundando toda la casa. Triste y decepcionada, decidió acostarse. Apagó la luz. Cerró los ojos y quiso convencerse de que su mente le había vuelto a jugar una mala pasada.

            Sintió su corazón quebrarse por el dolor. Unos pasos familiares la pusieron en alerta de nuevo. No había nadie en el piso aparte de ella. Se levantó y se fue hacia el salón. Mientras abría despacio la puerta, su mente le recordaba que cuando uno se muere, no vuelve y menos para alabar su bizcocho. No la escuchó. Y allí, encima de la mesa, descubrió un trozo de bizcocho delante de la silla que ella le había preparado.

miércoles, 30 de enero de 2013





Cuando la noche se despide despacio del día, es cuando mi corazón más te anhela y te desea.

Apareces como un sueño ante mí y mis sentidos adormecidos; de repente se despierta. Mi mente te recobra de nuevo recibiendo en mi cuerpo tus caricias, en mi boca tus dulces besos...

En el espacio que hay entre la noche y el día donde no existe el tiempo, ni la realidad concreta, ni pasado, ni presente, ni futuro…allí, allí te espero.





OTRA MIRADA

Nunca pensé que la leyenda fuera cierta. Lo había oído contar a mis mayores, incluso alguno afirmaba haberlo visto, pero yo nunca les creí. Y ahora lo veo yo desde este árbol extraño que no crece hacia arriba, que está frio como la muerte, en el que no existe más vida que la mía.

Llevo mucho tiempo viviendo aquí y siempre en la misma posición, cuidando de que el viento o la lluvia no me hagan daño, y ahora sólo con darme la vuelta me he encontrado este mundo nuevo y maravilloso. Estaba ahí pero yo no lo veía y me está invitando a salir pero ahora no sé qué hacer.

Me puedo hacer daño al saltar desde tan alto o puede ser que no encuentre a otros como yo, o me puedo perder y no saber volver a la seguridad que tengo ahora… ¿Me voy o me quedo? ¿Me arriesgo a vivir o permanezco en la rutina y la seguridad?

 El cielo azul y los arboles que diviso a lo lejos me han dado la respuesta.

                                     


lunes, 7 de enero de 2013

DISOCIACIÓN


Muchacha ante el espejo - Picasso

El espejo me devuelve la imagen de una desconocida. La miro fijamente a los ojos, esos ojos ¡son los míos!  Aturdida me alejo, ya no sé quién soy. Todo lo que me ocurre no tiene un sentido lógico, pero debe tenerlo y yo debo encontrarlo.

Puede ser que tenga “el síndrome de la gemela muerta”. Dicen que el 80% de los embarazos son de gemelos y uno de ellos muere en los diez primeros días de gestación. Quizás la otra me este pidiendo participar en mi vida, por eso cuando escribo en vez de salirme un relato, me salen dos aunque yo no los vea. ¿Triunfará ella o yo?

A lo mejor soy “un apéndice de mi madre”. Últimamente ella dice: “nos duelen las piernas”, “estamos cansadas”, “tenemos frio”,  y yo no tengo ningún dolor ni cansancio. Pero cuando la dejo y me voy, descubro que mi cuerpo se ha doblado como el suyo. Si se muere ¿me moriré yo?

O quizás una parte de mí se ha ido y vivimos separadas por el tiempo. Porque mientras mi cuerpo actúa ahora, mi mente prepara actividades para dentro de una semana y nunca sé en qué día estoy. ¿Volveremos a ser “una” alguna vez?


Debo descansar. Así que desconecto el teléfono fijo, apago el móvil y me siento a esperar…no sé qué.

domingo, 18 de noviembre de 2012


 El duerme. Yo lo miro. Mi corazón está atrapado. Me gusta esa sensación de bienestar, ese sosiego que sólo en momentos de soledad se hace presente en mi interior.
No recuerdo cuándo comenzó nuestra relación. Es como si toda mi vida hubiera estado ligada a él, como si mi existencia, lo que soy, fuera obra suya, porque me ha dado todo lo que él tiene. Se ha vaciado en mí y yo he tratado de contener toda su entrega.

Ha compartido mis alegrías, mis ilusiones, mis fracasos, mis miedos, respondiéndome siempre con la palabra justa, el silencio oportuno, la caricia oculta. Nadie me ha dicho nunca palabras de amor tan bellas, tan dulces, de esas que te penetran el alma.

A su lado he descubierto que existen otros mundos, otras gentes con miradas e ilusiones distintas, corazones rotos y solitarios, vidas entregadas y alegres. Me ha ayudado a salir de mí y a ver “al hombre” con ojos nuevos.

Él, el libro, todos los libros que han pasado por mi vida, han sido  mis mejores compañeros de viaje. Por eso hoy, cuando voy a comenzar a leer uno nuevo, lo acaricio, lo huelo, lo estrecho entre mis brazos y a su lado me sumerjo a descubrir un nuevo universo.
                                                                                                 Alicia 

Me gustas cuando callas porque estás como ausente,

y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerara la boca.

Como todas las cosas están llenas de mi alma,
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño,te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.

Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
déjame que me calle con el silencio tuyo.

Déjame que te hable también con tu silencio
claro como la lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.

Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

Pablo Neruda